• Daniel Sachi

El mundo actual requiere gestores de proyecto adaptables


La gestión de proyectos se ha extendido globalmente como disciplina entendiendo que, para algunos proyectos con determinadas metodologías, se pueden producir resultados en forma predecible y repetible, mientras que para otros, se debe avanzar iterando con un rumbo, pero sin demasiadas certezas y tomando el cambio de escenarios o requerimientos como parte esencial del juego.


En las metodologías predictivas, donde la gestión es altamente analítica, por lo general se requieren herramientas automatizadas para organizar y hacer el seguimiento en grandes proyectos, mientras que, en las ágiles, al tener que controlar períodos constructivos cortos con resultados específicos entregables, la necesidad es un poco menor, claro que esto requiere que la empresa en sí, entienda la agilidad.


Como la mayoría de otras disciplinas, la gestión de proyectos se aprende a través de la práctica y la experiencia pasada, es decir, ¡Muchas horas caminando proyectos!.


Este aprendizaje abarca muchas habilidades diferentes más allá del formalismo de las metodologías, como:

  • Entender las interdependencias entre las personas

  • Conocer medianamente las tecnologías a utilizar

  • Armar los presupuestos incorporando la gestión de riesgos

  • Gestionar las expectativas del equipo y de los stakeholders o interesados en el proyecto

  • Efectuar el planeamiento para maximizar la productividad

  • Trabajar la motivación del equipo como un todo y la de cada uno de sus integrantes

  • Efectuar el seguimiento de la ejecución del plan sin hacer micromanagement

  • Negociar tiempos, costos, calidad, asignación de recursos y otros

  • Hacer el análisis de los resultados reales verificando la satisfacción del cliente con lo producido

Todo esto, sin contar un sinfín de pormenores que van apareciendo al lidiar con lo que realmente sucede cuando el proyecto es ejecutado, lo que requiere un gran manejo de análisis y resolución de problemas.


Por supuesto, para gestionar un proyecto y llevarlo a una finalización exitosa, el gestor de proyecto debe tener una comprensión completa de todas las metodologías siendo utilizadas para la gestión del mismo o de las diferentes partes del proyecto, ya que puede darse la posibilidad de usar metodologías mixtas en un proyecto grande.


En general, los gerentes prefieren proyectos con una metodología específica, y se resisten a enfrentar las dificultades que implica tener más de una metodología activa en el proyecto, lo cual es totalmente entendible.


Lo cierto es que cada vez más se comprende que no todas las metodologías son para todos los proyectos, ni para todo el proyecto y los gestores de los mismos deben estar preparados para seleccionar unas u otras en función de lo que se debe hacer.


Si los métodos o herramientas de trabajo son conocidos, se tienen métricas seguras y los requerimientos son estables, sería inútil y hasta contraproducente usar metodologías ágiles, mientras que, si pasa lo contrario, usar una metodología predictiva será un dolor de cabeza con los cambios de requerimientos o escenarios que impliquen replanificaciones, sumando a esto los posibles errores si se desconocen cabalmente las métricas o las herramientas.


Lo cierto es que, en un mundo con recambios tecnológicos en periodos cada vez más cortos, con escenarios móviles, mercados imprevisibles y normas legales o sociales cambiantes, la necesidad de ser adaptable pasó a ser la ventaja competitiva más importante de un buen gestor de proyectos y casi un reaseguro de supervivencia en la función.


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