• Daniel Sachi

Trabajo y vida familiar: ¿Balance o mix?



Muchas veces se oye hablar del balance entre el trabajo y la vida familiar, y lo importante de no llevar el trabajo (problemas incluidos) a casa.

Coincido en un todo con la importancia de preservar a la familia de nuestro día a día laboral, no cargarlos con nuestros problemas o frustraciones, nuestras peleas con el jefe o los disgustos con los empleados, las rencillas con nuestros compañeros o la angustia por no saber que nos puede pasar a futuro donde trabajamos, cuando vemos que el clima se enrarece y que los negocios no andan bien.

Claro que, en el trabajo, lidiamos con todo esto con algunas herramientas, tenemos asesores que nos guían, el área de recursos humanos que se ocupa de resolver algunas de estas cuestiones y ciertas técnicas de gestión aprendidas en nuestro pasaje por las empresas.

Usamos la escucha activa para entender lo que le pasa al otro, las reuniones de puesta en común en equipo para aclarar los puntos oscuros, las sesiones de coaching para modificar comportamientos y cambiar la mirada sobre las cosas, las técnicas de comunicación para poder hacer llegar bien nuestros mensajes, y la delegación efectiva para poder sacarnos tareas y balancear el esfuerzo.

Usamos el empoderamiento para que nuestra gente sea más efectiva y crezca en su tarea, revisamos las aptitudes de nuestro equipo para llevarlos al nivel deseado mediante capacitación, generamos cosas para motivarlos y a veces, ojalá que las menos, tomamos decisiones duras como despedir o sancionar a alguien porque es necesario y no tenemos otra solución.

Pero bueno, el día laboral termina, colgamos nuestros problemas en la puerta y nos vamos a casa.

El tema es que la vida familiar también tiene sus bemoles.

Peleas con nuestros padres o pareja, disgustos con nuestros hijos, angustia por no saber cómo seguir cuando los problemas son graves, o cuando las cuentas no cierran.

Ciertas similitudes ¿no?

Ahora… ¿y si usamos algo de lo aprendido en nuestra vida laboral en casa?

Poder practicar la escucha activa en las discusiones, sentarnos en familia a hablar libremente de los problemas y de cómo los resolvemos, utilizar ciertas técnicas de coaching para ayudar sin dirigir, pensar bien en cómo decimos las cosas para que nos entiendan y preferentemente sin lastimar, solicitar ayuda, aunque creamos que podemos con todo y en todo caso, cuando delegamos algo, verificar que la tarea se cumpla.

Demos la potestad de decidir y de hacer a nuestros familiares aunque se equivoquen porque esa es la forma de crecer, tratemos de prepararlos bien transmitiendo nuestros conocimientos o buscando fuera lo que nosotros no tenemos, tratemos de saber qué motiva a los nuestros para tratar de generarlo y establecer una corriente positiva, y hablemos de esto para que ellos hagan lo mismo con nosotros.

Y, aunque duela, quizás en algún momento cortar cordones o terminar relaciones cuando vemos que ya no se puede más.

En lo personal, asumo que soy mejor en los ámbitos laborales que en casa, pero siempre trato de usar estas cosas que los distintos trabajos me han dejado, aunque a veces, como seguramente les pasará a muchos de ustedes, no pueda ser tan objetivo y eficiente con las implementaciones…

Todo es cuestión de tratar!

Ah, y me encantaría saber cómo les va con esto! Uno siempre tiene algo más para aprender...

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