• Daniel Sachi

La mejor forma de lidiar con empresas paranoicas: Déjelas…



Quién no ha tenido alguna en su haber?

Son empresas donde la mentira sistemática es un hecho constante, donde el delirio de grandeza se contrapone todo el tiempo con el mensaje hacia los empleados de ser los peores, donde el “correveidile” es amo y señor y donde no se premia el esfuerzo salvo el efectuado para lamer calcetines…

Muchos habrán sufrido en estos entornos.

Son empresas donde el que se va es culpable de todo (hasta del asesinato del Mar Muerto), el nuevo protegido de los altos mandos es capaz de cualquier milagro (como duplicar la producción y bajar a la mitad los costos) y donde la ética es una mala palabra en las acciones pero figura en los valores publicados.

En ese ambiente es posible para los altos mandos defenestrar y ensuciar con mentiras la imagen de alguien intachable (pero díscolo) sin que se les mueva un pelo, y al mismo tiempo son capaces de ofenderse porque algún empleado los tilda justamente de negreros por sus prácticas laborales…

Estos son lugares donde el personal es tan solo un número, que debiera estar agradecido de por vida por tener este trabajo y que no debe tener ambiciones de crecimiento ni problemas de familia que lo desconcentren.

Un lugar donde un embarazo, por ejemplo, no se felicita sino que se transforma en causa de escarnio público, y pasaporte a recibir presiones para renunciar…

Si pudiéramos escribir los principios de una empresa de este tipo, donde los enemigos son las personas con algo de poder que no piensan como los altos mandos o dueños, y donde el público objetivo es el personal, estos principios serían una adaptación de un escrito histórico:

  1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario (los que no piensan como el dueño o altos mandos) en un único enemigo.

  2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada (los que trajo fulano, o el grupito de mengano).

  3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo a planteos o mociones de orden, con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".

  4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota del enemigo, por pequeña que sea, en amenaza grave.

  5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa de personal a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

  6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».

  7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, la gente esté ya interesada en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

  8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias (muy útiles en este punto los “correveidile”).

  9. Principio del silenciamiento. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contra-programando con la ayuda de medios de comunicación afines (radio pasillo o “correveidile”).

  10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas (Muy usado el básico de “el nuevo”, “el que viene de la multinacional”, “el que cree que sabe porque tiene un máster”, “el sindicalista”, etc.).

  11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.

A esta altura algunos estarán preguntándose, ¿a dónde quiere llegar?

Bien. El punto es que los individuos que trabajan en empresas de este tipo no pasan asépticamente por las mismas. O se enferman, o se impregnan.

Los que se enferman comienzan a mostrar su descontento, su resistencia, su temor o su asco y en algún momento son tachados de gremialistas, ineptos, inadaptados, o enemigos... y se los despide u obliga a renunciar. Estos, están salvos.

Los que se impregnan comienzan a tener comportamientos adaptativos complejos, pero totalmente alineados al espíritu de la compañía:

  • Son capaces de negar cualquier simpatía o acercamiento a un “enfermo”

  • Son muy proclives al “Sijuancismo” (suponiendo que Juan es el dueño de la empresa)

  • No mantendrán contacto con un “enfermo” retirado de la empresa a fin de mantener intactos sus valores (más comúnmente conocido como “conservar su puesto”)

  • Ayudarán al “correveidile” a cumplir con sus objetivos (aunque desconozcan cuáles son estos)

  • Se curtirán en esto de despreocuparse por el prójimo y si le pasa algo a alguien es porque “algo habrá hecho…”

  • Vegetarán en su mayoría aunque algunos crecerán en función de su aporte a la causa hasta momento en que adquieran algo de poder o seguridad y emprendan otros caminos

Esta impregnación trae muchos problemas a la hora de relacionarse con otros, de establecer nuevos vínculos y lo más importante a la hora de emplearse nuevamente, si es que tienen la (mala) suerte de quedarse fuera de la empresa que los cobija.

Las heridas dejadas en otros muchas veces se vuelven en contra en el mundo laboral.

Un “impregnado” es alguien que hiere mucho aunque parezca que su actitud es neutral y puede que, alguna vez, necesite ayuda de alguno de sus heridos.

Recordar además, que uno es una marca, y su comportamiento hace a esta marca más o menos apetecible, y aquí pesan las recomendaciones.

En cuanto a las empresas paranoicas, estas no nacen, se hacen y se hacen a la medida de sus dueños, o altos mandos, por eso la cura es difícil.

Y tienen un buen escudo, porque nadie puede negar que, por haber llegado en algún momento al éxito, éste está o estuvo presente y por lo tanto, las razones para cambiar nunca son tan fuertes…

Claro, hasta que el éxito se acaba…

Por último, si los 11 principios les parecen conocidos, no es raro, son obra de Paul Joseph Goebbels, experto en propaganda, que no es ni más ni menos que la herramienta dilecta en este tipo de organizaciones…

#Trabajoinsano #deliriodegrandeza #prácticaslaborales #Capitalhumano

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